Portal de moda y vajes

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Te cuento mi último viaje a Barcelona. ¡Espectacular!

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Sin duda, cada vez tengo más claro que Barcelona es una de mis ciudades favoritas. Siempre lo ha sido, pero lo cierto es que llevaba tanto tiempo sin ir, que realmente se me había olvidado lo bonita y espectacular que era.

Hace poco menos de un mes tuve la oportunidad de volver, casi diez años después desde la primera vez que estuve, en la que por cierto quede entusiasmada. Lo cierto es que la ciudad sigue tal y como la recordaba, incluso podría decir que actualmente está todavía mejor. Un viaje corto, pero muy intenso, que solo duró tres días, pero que lo pude aprovechar al máximo. Vamos por partes:

Primer día

Viajé en tren, y llegué a la estación de Sants alrededor de las 12 del mediodía. Era jueves, por lo que la actividad que había en las calles era increíble, nada que ver con mi pequeña Novelda. Rápidamente me contagié, y en pocos minutos me sentía como si fuese una barcelonesa de toda la vida.

El viaje lo hice con mi novio, y tras salir de la estación y poder permitirnos un cigarrillo rápido, cogimos el metro en dirección al Paseo de Grácia, que es donde teníamos nuestro apartamento. Aquí tengo que hacer un hincapié, ya que tras seguir los consejos de una amiga amante de los viajes, me alojé en un apartamento de alquiler, en vez de un hotel convencional. Era mi primera vez, y la verdad es que la experiencia no pudo salir mejor.

No tardé ni cinco minutos en alquilar mi apartamento vacacional. Lo hice desde esta web de apartamentos, que es un buscador de apartamentos que me recomendó mi amiga, y la verdad es que la próxima vez que vuelva a irme de vacaciones optaré por volver a alquilar un apartamento. Lo cierto es que lo disfrutas mucho más que un hotel, ya que de alguna manera te sientes como en casa, ya que está decorado como si fuese tu propio apartamento, con todo lo que puedas imaginar. Y es que disponíamos hasta del último detalle, además, al tener cocina, pudimos aprovechar para desayunar en el apartamento y así ahorrarnos algo de dinero.

Bueno, volviendo al viaje. Una vez habíamos dejado el equipaje en el apartamento y nos habíamos pegado una ducha, que era totalmente necesaria, nos cogimos la cámara de fotos, la tarjeta del metro y nos fuimos a “patear” la ciudad. La verdad es que el apartamento no podía estar mejor situado, ya que para quien no conozca la ciudad, el Paseo de Grácia es una de las calles más céntricas y con más vida de la ciudad.

Como ya era tarde, comimos en el primer McDonals que nos encontramos a nuestro paso. No había tiempo que perder, y tras reponer fuerzas, comenzamos a bajar; Plaza Cataluña, las Ramblas, la estatua de Colón hasta finalmente llegar al puerto marítimo. Se dice pronto, pero este recorrido nos llevó toda la tarde.

Cuando llegamos al puerto ya era de noche, y pudimos contemplar unas vistas espectaculares de la ciudad totalmente iluminada. Aprovechamos para cenar en una romántica pizzería y después brindar con una copa. De ahí nos fuimos directos al hotel. Las fuerzas comenzaban a faltar.

Segundo día

El segundo día lo aprovechamos desde bien temprano. A las ocho sonó el despertador, y es que el domingo a las nueve de la mañana teníamos que coger el tren de vuelta. Desayunamos rápido y pronto estábamos en pleno centro de Barcelona. Era el turno de visitar el barrio gótico, donde pasamos casi toda la mañana. El ambiente es espectacular, ya que es uno de los lugares más antiguos de la ciudad. Allí pudimos ver la Catedral de Barcelona, la plaza de la Generalitat, el barrio judío, hasta acabar finalmente de nuevo en las ramblas.

Entramos al mercado de la boquería, situado a mitad de las ramblas, y aprovechamos para comer allí. Si eres un amante de la gastronomía, no puedes irte de Barcelona sin visitarlo.

Tomamos un café y cogimos el tren en dirección al Parque Guell, una auténtica maravilla de la arquitectura, del prestigioso arquitecto Antoni Gaudí. Es enorme, y hasta el último rincón del parque es simplemente espectacular. Además, las vistas desde lo alto son increíbles.

Tras acabar con el Parque Guell, cogimos el tren en dirección a la Sagrada Familia para terminar de disfrutar de las maravillas de Gaudí. Aún sin terminar, pero tan bella y radiante como siempre.

Antes de que nos diéramos cuenta, eran las diez de la noche, así que cenamos en un restaurante cerca de la Sagrada Familia. Finalmente, dimos un paseo hasta llegar de nuevo al apartamento.

Tercer día

El tercer día comenzó visitando el Camp Nou, que es el estadio del Barcelona. Mi novio es un auténtico forofo, así que no podíamos irnos sin visitarlo. La verdad es que me sorprendió, y hasta me compré una camiseta. El ambiente me sedujo.

Visitamos el estadio, el museo, la tienda y todos los alrededores, y aprovechamos para hacer un auténtico reportaje de fotos. Sin duda, allí estaba la mayor aglomeración de gente desde que llegamos a Barcelona. Pasamos toda la mañana allí, y la verdad es que no tuvo desperdicio.

Tras comer, fuimos a darnos una ducha y a cambiarnos, ya que por la tarde teníamos entradas para ver el musical de “Hoy no me puedo levantar”, por cierto, totalmente recomendable. El teatro estaba en la Avenida de la Diagonal, que todavía no habíamos visitado. De modo que al salir, aprovechamos para dar un paseo por allí.

Estaba terminando el viaje, pero la sensación era increíble. Después volvimos al hotel. Había que descansar que al día siguiente debíamos estar a las ocho de la mañana en la estación de tren.

Esta parte ya no la escribo, que me deprimo solo de pensarlo. Sin duda, una experiencia única y una ciudad espectacular a la que espero volver lo antes posible.

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